A veces hay que hacer cosas lógicas en la
vida. Tus amigos te aconsejan hacerlo y sus palabras tienen sentido, pero, ¿a
cuántos no os ha pasado que tiene que llegar alguien no tan cercano a
aconsejarte lo mismo para que realmente reúnas el coraje para dar el paso?
¿Nunca? Vale, entonces solo soy yo, que soy
muy rara.
Mis amigas me habían dicho y repetido que
tenía que hablar con mi amigo para
dejar finalmente las cosas claras. Seguro que es algo que hasta vosotros sin
conocerme personalmente me lo habríais aconsejado. A mí me daba mucha vergüenza
eso de hablarle y quizá dejar entrever un cierto interés por él.
“Tsh, ¿mostrar interés por alguien que no
lo tiene en mí? Ni de coña, bitch.”
Sin embargo, tuvo que ser mi genial
compañero de clase quien me comentara que lo mejor en cualquier caso era “dejar
las cosas claras para luego poder ser unos buenos follamigos.” Yep,
literalmente me dijo eso. Ay, qué
perfecto es él y qué poca idea tiene de los ojos con los que le miro.
En cualquier caso, el sábado habíamos
quedado mi amigo y yo en grupo, y no sé muy bien cómo, me atreví a decirle que
quería hablar con él si en algún momento había una oportunidad. Buenamente el
muchacho aceptó y prefirió que hablásemos antes de que llegásemos a
encontrarnos con el grupo completo.
Yo ya estaba haciéndome a la idea de que
podrían pasar dos cosas: o me decía que quería seguir viéndonos o me iba a
rechazar directamente. Para cualquiera de las dos opciones estaba preparada. Me
hubiese dado igual una que otra en ese momento, así que cuando me dijo que lo
sentía pero que no era el momento, en mi mente hubo paz. Por fin tenía la
respuesta clara que necesitaba y además yo ya sabía que él no iba a estar
preparado.
Una vez las cosas se aclararon pudimos ir
al punto de encuentro y…juro que estaba conforme y tranquila con todo, pero…¿por qué me cuesta soltarme de sus abrazos?
¿por qué huele tan bien? Ay, ¿por qué no me atrevo a mirarle? Maldita sea, ¿por
qué es tan guapo?
La tarde fue bien. La pasamos bien jugando,
riendo y comiendo. Juraría que hasta él trató de llamar mi atención de alguna
manera no tan discreta, pero…hum, mejor
no vayamos por ahí, Danielle.
Por la
noche, ya en mi cama, su pregunta llegó y yo quise ser sincera, además de toucher
son coeur.
“¿Tú estuviste cómoda?”. Ja, esa era la mía. No daré muchos
detalles, pero dije lo que tenía que decir, jugué con lo que tenía que jugar y
aclaré lo que no había podido explicar en la conversación por la tarde.
¿Resultado? Algo muy abierto, con total
libertad para hacerle de todo.
Jeh, perfecto para alguien como yo.
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