lunes, 22 de febrero de 2016

Todos tenían razón.

A veces hay que hacer cosas lógicas en la vida. Tus amigos te aconsejan hacerlo y sus palabras tienen sentido, pero, ¿a cuántos no os ha pasado que tiene que llegar alguien no tan cercano a aconsejarte lo mismo para que realmente reúnas el coraje para dar el paso?
¿Nunca? Vale, entonces solo soy yo, que soy muy rara.

Mis amigas me habían dicho y repetido que tenía que hablar con mi amigo para dejar finalmente las cosas claras. Seguro que es algo que hasta vosotros sin conocerme personalmente me lo habríais aconsejado. A mí me daba mucha vergüenza eso de hablarle y quizá dejar entrever un cierto interés por él.
“Tsh, ¿mostrar interés por alguien que no lo tiene en mí? Ni de coña, bitch.”

Sin embargo, tuvo que ser mi genial compañero de clase quien me comentara que lo mejor en cualquier caso era “dejar las cosas claras para luego poder ser unos buenos follamigos.” Yep, literalmente me dijo eso. Ay, qué perfecto es él y qué poca idea tiene de los ojos con los que le miro.

En cualquier caso, el sábado habíamos quedado mi amigo y yo en grupo, y no sé muy bien cómo, me atreví a decirle que quería hablar con él si en algún momento había una oportunidad. Buenamente el muchacho aceptó y prefirió que hablásemos antes de que llegásemos a encontrarnos con el grupo completo.

Yo ya estaba haciéndome a la idea de que podrían pasar dos cosas: o me decía que quería seguir viéndonos o me iba a rechazar directamente. Para cualquiera de las dos opciones estaba preparada. Me hubiese dado igual una que otra en ese momento, así que cuando me dijo que lo sentía pero que no era el momento, en mi mente hubo paz. Por fin tenía la respuesta clara que necesitaba y además yo ya sabía que él no iba a estar preparado.

Una vez las cosas se aclararon pudimos ir al punto de encuentro y…juro que estaba conforme y tranquila con todo, pero…¿por qué me cuesta soltarme de sus abrazos? ¿por qué huele tan bien? Ay, ¿por qué no me atrevo a mirarle? Maldita sea, ¿por qué es tan guapo?

La tarde fue bien. La pasamos bien jugando, riendo y comiendo. Juraría que hasta él trató de llamar mi atención de alguna manera no tan discreta, pero…hum, mejor no vayamos por ahí, Danielle.

Por la noche, ya en mi cama, su pregunta llegó y yo quise ser sincera, además de toucher son coeur.
“¿Tú estuviste cómoda?”. Ja, esa era la mía. No daré muchos detalles, pero dije lo que tenía que decir, jugué con lo que tenía que jugar y aclaré lo que no había podido explicar en la conversación por la tarde. ¿Resultado? Algo muy abierto, con total libertad para hacerle de todo.

Jeh, perfecto para alguien como yo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario