“Tengo más cambios de humor que una menopáusica”.
Sí, lo sé y lo sabemos todas: las mujeres somos un poco
complicadas. ¿Para qué vamos a engañarnos? Incluso las que se tachan se
sencillas y simples lo son. A las que, como yo, somos algo difíciles no hay
forma humana de que nos entiendan. Bueno sí, otra mujer tan rara como nosotras
podría.
Ayer mismo estaba con un bajón increíble. Hubo un tiempo en
el que días tristes eran mi rutina habitual. Por suerte todo eso quedó atrás y
en la actualidad son más los días tranquilos que los sobrecargados de emoción.
Como decía, ayer el desánimo era mi fiel e inseparable
amigo. Mala combinación cuando es el día anterior a un examen para el que no
has estudiado. Peor combinación si eres sensible y la única persona que te da
cierto cariño no te está haciendo nada de caso.
Agh…
Soy una llorona.
Tengo sin embargo algo bueno y es que, cuando tengo que
cumplir con algo que le he prometido a una persona diferente a mí, el sentido
de la responsabilidad es lo suficientemente fuerte como para que nada me pare.
Tener que trabajar me ayudó a mantenerme distraída de pensamientos como “Voy a
suspender el examen de mañana, soy gilipollas” o “¿Por qué mierda me dejas en
visto y no respondes? ¿tanto te cuesta contestar?”.
A pesar de que estaba realmente desanimada, el trabajo que
tengo me agrada bastante, así que, en cuanto entro por aquella puerta, cierta
emoción me invade. La sonrisa aparece de manera sencilla y sincera. El tiempo
pasa más rápido de lo normal.
En cuanto salí, en cambio, la sonrisa empezaba a parecerme
un poco difícil de mantener, tal vez demasiado forzada para el frío que estaba
haciendo en la calle. El hecho de saber que tenía por delante además una hora
de caminata junto con un particular tour por los supermercados de la zona para
hacer un favor en casa, no ayudaba a que me pudiera sentir especialmente
enérgica.
Aun así, tengo un secretito. Si dicen que la música amansa a
las fieras, cuando yo soy un fantasma en pena, la música me devuelve a la vida.
Basta con que desenrede los auriculares y escoja una canción al azar de mi
móvil para que los ánimos regresen a mí.
Creedme, una buena canción me hace pasar de un espectro gris a una
hiperactiva que canta motivada, baila por las calles y sonríe como si le pagaran
para algún anuncio de crema dental. La alegría no me duró mucho, solo hasta que tuve que
encontrarme con mi padre 15 minutos después y, claro, no era de recibo estar
con él y no prestarle atención por escuchar música.
La noche no fue en absoluto mejor. Hice de consejera para
una amiga que probablemente estaba peor que yo, cuando aún no había empezado a
estudiar para el maldito examen. No podía dejarla sola con sus problemas. Tenía
que estar ahí para ella, dando mis mejores ánimos y consejos.
Durante la madrugada
me fue imposible controlar las lágrimas, pero eran las 4 de la mañana y si no
me centraba ya, no sería capaz de hacer nada en el examen que tenía a las 9. Sin
embargo, fuck this shit, parecía que a esas horas mi mente ya sólo quería
recordarme lo mucho que necesitaba un abrazo y mimos de ese amigo mío que pasa
de mí.
Tras un largo debate conmigo misma, acordé cerca de las 5:30
de la mañana que no tendría nada de malo mandarle un mensajito. “Probablemente
esté durmiendo y no conteste”, pensé y acerté, pero es que lo que yo quería era
una excusa para hablar al día siguiente con él, lo cual ha funcionado a la
perfección.~
Finalmente me quedé dormida antes de las 6 y me desperté
para las 7. Ahora mismo, tras un examen que me ha salido sorprendentemente
perfecto, ha despertado en mí un sentimiento de felicidad bastante agradable.
Ayer todo parecía horrible. Hoy veo el día con mayor ilusión
y esperanza. Un examen me ha salido genial, cierto compañero de clase ha sido
lo más amor del mundo conmigo, mi fan número uno me ha dado un poquito de amor
hoy antes de irse a dormir y mi "amigo" me ha hecho casito durante un largo rato,
jejeje. ¡Así hasta creo que puedo conseguir aprobar los dos exámenes de mañana
para los que no he empezado a estudiar aún!
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