miércoles, 17 de febrero de 2016

Confession 005

Tengo un no sé qué, que qué sé yo, que vuelve loca a la gente de mi alrededor, pero los efectos duran poco.

Eso es lo más cierto que podría decir de mí y os aseguro que sería lo que más oiríais a los demás en una descripción acerca de mi persona.
Por un lado está el punto de volverlos locos de verdad, pero en serio, eh. He ayudado a la economía de psicólogos y psiquiatras en más de una ocasión. #sorrynotsorry #ah,no,queestonoesinstagramnitwitter.

Por otro lado, tenemos el sentido no tan literal de la frase y es el que me interesa comentar hoy. ¿Por qué? No sé, anoche tuve un momento de análisis personal y llegué a una curiosa conclusión.

Como iba diciendo, tengo algo que despierta el interés de los demás durante un tiempo. Después, si yo no echo gasolina al asunto, se acaba el chollo y vuelvo a ser "la chica esa de la que no me sé el nombre y siempre se sienta sola en clase con los auriculares para no hablarle a nadie."
En el caso de que sí me dedique a alimentar ese interés, en algún momento se me queda la despensa vacía y es más rápido de lo que podría gustarle a cualquiera.

En los últimos tiempos, más o menos desde que descubrí que realmente despertaba interés, me he estado preguntando de qué se trata.
He llegado a interesar a los demás sin siquiera decir una palabra. Entonces pensaréis "ah, Danielle es guapa", pero no. No es humildad. Soy fea hasta rabiar, de esas mujeres a las que por favor queréis taparles la cara. Mis ojos son del color más simple, mi nariz es grande y mis dientes están hechos mierda, por lo que me acompleja muchísimo sonreír. Encima mis rasgos no son los habituales en el país en el que vivo, así que no entro en sus cánones de belleza. Por suerte, la globalización me ha estado ayudando a no sentirme tan bicho raro.

Si no soy guapa de cara, quizá creáis que estoy buena, mhmhhm. No, tampoco es el caso. Tengo los genes necesarios para tener las curvas más peligrosas y en las mejores zonas puestas, pero en mi adolescencia me desarrollé más rápido de lo que mi piel podía aceptar, así que...Hola, estrías; adiós a la idea de usar escotes atrevidos en general.
No soy especialmente alta que digamos. Los tacones son necesarios para que llegue a una altura decente.Y de aquellas mencionadas curvas de antes, mejor olvidémonos. Nunca he llegado a pesar más de 55kg ni tenido más de una talla 38 (salvo en camisetas, agh, malditas tetas), pero tras mi más dolorosa ruptura amorosa y su consecuente estado de semi-depresión, esas medidas rápidamente descendieron. Le tuve que hacer entender a mi familia que el hecho de que ahora pesase 47kg y mi talla fuera una 34, no tenía nada que ver con ningún trastorno alimenticio, cosa que aún a día de hoy es tema de discusión en mi casa.
En fin, volviendo al tema, que si antes me daba vergüenza ir con poca ropa porque se me viera barriguita, ahora me atormenta tumbarme en la playa y que se me noten las costillas sobresalir. Ugh...No, no es nada agradable.
¿Descartamos ya el hecho de que este feo insecto palo pueda atraer por su aspecto físico?

Prosigamos.
Lo siguiente que me planteo es que ese interés se despierte porque ser tan callada resulte misterioso. Oye, es posible, ¿no? Al menos solo hasta que abra la boca y comprueben que no soy nada ingeniosa ni divertida. No soy capaz de proporcionar una de esas conversaciones en las que te ríes sin parar y te apetece repetir al día siguiente.
Soy muy racional, sincera, (in)directa, sutil y lógica. Seré pésima en matemáticas y de lista no tendré un pelo, pero soy inteligente, bastante. Sé mucho sobre infinidad de temas, por lo que puedo documentarte...pero también parecerte una pedante sabelotodo insoportable.

Ogh, entonces, ¿qué tengo? ¿por qué a tantos le he interesado? ¿por qué los que han probado han seguido ahí tras de mí durante tanto tiempo? Ah, sí, porque esa es otra. A algunos les intereso y desintereso en cuestión de semanas, pero a los que les intereso y han llegado a "probarme", han tenido serias dificultades para "desengancharse".
Siendo honesta, creo que lo mejor de mí es lo sentimental que soy. Tengo la capacidad de plasmar en las palabras los más profundos sentimientos de amor o dolor; no quiero echarme flores, pero sé conmover hasta las lágrimas y enamorar haceros vomitar por lo cursi que me puedo poner.
También considero que soy cariñosa. Sí, soy bastante cariñosa y me gusta demostrarlo. Soy la niña de los abrazos infinitos y los besitos adorables. Da igual que seas amigo, pareja o familia, si te quiero, te vas a tener que aguantar que no te suelte.
A su vez, soy educada y formal. Ejem, ¿oigo ya cómo me llamáis una Ross Geller? Hum, pues deberíais saber que en este mundo, mi manera de ser me ha hecho ganarme unos cuantos halagos. Me consideran encantadora y me saca una sonrisilla todavía pensar en los momentos en los que me lo dijeron.
Aish, ¿y sabéis cuál es el problema de todas estas posibles razones por las que atraigo de buenas a primeras? Pues que yo no me abro ni me muestro así de genial tan fácilmente. Es más, puede tomarme años ganar la confianza necesaria para ser yo tal cual soy.

Así que la duda persiste. ¿Qué es ese algo que tengo? No está en mi físico, tampoco en mi carácter.
Debe de estar en los ojos de los demás. Ahm, creo que los ópticos no están haciendo muy bien sus trabajos últimamente y, lo lamento, me gusta esto demasiado como para favoreceros tanto como a los psiquitritas de mis amiguitos.



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