lunes, 22 de febrero de 2016

Confession 006

"Yo le tengo miedo al compromiso."

Ya alguna que otra vez he mencionado que eso de tener una pareja en serio, serio, muy en serio, y mi persona, no es una mezcla que acepte con mucha facilidad.
No hace mucho tuve que explicarlo a alguien y me di cuenta de que no se me estaba entendiendo en absoluto.

“No miedo al compromiso significando compromiso, sino miedo al compromiso significando comprometerse, you know”. Exacto, solo me he entendido yo y no muy claro, eh.

Tratando de explicarlo, lo único que logré fue que la persona que me escuchaba pensara que yo no estaba a favor de las relaciones serias y no es eso lo que quería decir, porque…Espera, ¿lo estoy? Ehm…Ya lo debatiremos.

Bueno, no es que últimamente haya sido la máxima representante de la seriedad en las relaciones precisamente y, de hecho, creo que bajo ningún sentido puedo representar seriedad (Blame on my randomness, pls). Pero tampoco voy a decir que no me guste la idea de tener a alguien que esté ahí durante años y años a mi lado, pasando por miles de experiencias juntos y creciendo como pareja. ¿Es una idea muy cursi? ¿muy de película? Bueno, pues así soy yo aunque no haya tenido nada así en bastante tiempo.

En cualquier caso, tampoco soy de esas que está de rollo medio serio con un chico y al mismo tiempo tonteando con otro, mientras a su vez se tira a otros tantos. Ew, eso lo hacía uno de mis recientes “ex algo” y…asquito me da. Tiro más a la monogamia, no sé por qué.

Eso sí, tengo que reconocer que tonteo. Menos de lo que me gustaría y más de lo que debería. No lo hago a propósito, eh. Ya comenté el poco ingenio que tengo y mi total ausencia de chispa. Aun así, mi mente es demasiado inocente a veces o demasiado tonta. También puede ser que tenga un instinto innato en mí que se encargue de mantener ahí la posibilidad que de alguna manera yo también me reproduzca y propague mi especie (????) ok, no.

La cuestión es que a veces A dice cosas sin pensar y la persona B se lo toma como un comentario de flirteo. Entonces A se sonroja y se muere un poquitito de vergüenza, pero al mismo tiempo le gusta el juego…y, como B sigue la misma línea, ella juega hasta que la J se convierte en una F de fuego.  [A-há, menudo juego de letras acabo de hacer ahí…Esto está a la altura de Shakespeare y su soneto 138, ¿ah?]

Tampoco es nada tan grave, ¿no? Estas cosas le pasan a más de uno/a y estoy segura de que es así siempre como empieza el tonteo entre dos personas. El problema viene cuando esto le ocurre a A con más de una persona a la vez y empieza a sentirse demasiado “emocionada” con todos. Ay, Danielle, ¿tanto te gusta la atención?

En ocasiones, del tonteo no pasa. No soy tan popular en los corazones de los demás, pero alguna que otra vez sí que ha habido oportunidad para algo similar a una cita con todos esos sujetos B.

La gran duda es, ¿cómo alguien que prefiere la monogamia ahora parece ser una abejita que va de flor en flor? Bueno, tampoco hay polinización en todos los casos, no exageremos.

El cambio ocurrió hace ya unos largos años, pero solo he llegado a darme cuenta hace unos dos como mucho. Procederé a narrarosla lo mejor que pueda sin entrar demasiado en detalle. ¿Por qué? Pues porque entonces me alargo demasiado y os aburro.

Hubo una vez en mi vida una relación muy hermosa, llena de amor y fuertes sentimientos. Se trataba de una relación en la que la unión entre sus dos enamoradas era lo que primaba. Pasaban días enteros juntas, hablando de todo tipo de temas, debatiendo todo tipo de cuestiones de la vida cuando sus opiniones eran adversas, lo cual también ocurría todos los días. El compromiso entre ellas era tal que era impensable que una de ellas diera un paso sin que la otra lo supiera. Tampoco podría ocurrir que hablase en privado con otras personas, no. Solo la pareja importaba, solo debían estar en el mundo ellas dos. ¿Amistades? ¿Para qué eso? Nadie ayudaría en tu vida ni te apoyaría mejor que tu pareja, ¿verdad? Y más si se trata de una que parecía ser elegida por los dioses del destino para ti. Oír comentarios acerca de trabajar en esquinas o ser comparada con la hembra del zorro también era habitual, pero no por lista o inteligente, eh. En más de una ocasión, se le recordaba a una de las princesitas de este cuento lo poco afortunada que era en su intelecto y lo mal que se le daría sobrevivir sin su amada.
Las noches de irse a la cama con los ojos hinchados y rojos por las lágrimas también eran costumbre, dormirse por el puro agotamiento que esto produce y perder peso por la falta de apetito que surge no eran más que características de esta relación.
Pero, ¿qué se podía hacer? Ninguna de las dos enamoradas era perfecta. Eso sólo existía cuando estaban juntas. Separadas morían como si les faltara el oxígeno. Juntas, la necesidad de la una por la otra, las mataba. Nadie más entendía su amor.
~Agh, fuck this shit. Cut the sugar-coated version.
Hace unos años no estaba eso de moda, pero hoy por hoy habría sido una de esas relaciones en las que tienes que llamar al 016 por ayuda urgente.

Yo no es que sea tonta y no me diera cuenta de que esa no era manera de tratarme, pero realmente sentía que me moriría sin ella. Éramos muy jóvenes ambas y estábamos muy enamoradas. Lo que no pudimos controlar fue la excesiva dependencia ni los celos. Sé que ella tampoco quiso hacerme daño a propósito, así que no tengo razones para culparla u odiarla. Al contrario, la quiero y sé que me quiere. No de la misma manera que hace unos años, pero sí de una que ya no nos perjudica de ninguna forma.

Pero una relación así deja marca y no se olvida rápido.
Han pasado años, pero ya no puedo evitarlo. Cada vez que veo que algo se vuelve demasiado en serio y que requiere compromiso, me acuerdo de cómo lo pasé. Recuerdo lo invasiva que fue esa relación y lo mucho que tuve que dar, lo mucho que tuve que abrirme y el consecuente acceso directo a poder hacerme sufrir.
Sé que no es probable que me pase lo mismo dos veces en la vida, pero tengo aún en mí el miedo a que se repita la historia. Actualmente me agobia el solo hecho de pensar que alguien pueda querer estar sabiendo de mí día tras día, quizá viéndome o esperando escuchar mis vivencias. Me asusta acercarlo tanto a mi vida que tenga acceso a saberlo todo de mí. Me da miedo apegarme a esa persona y de nuevo creer que en su ausencia más me valdría morir.


Para algunos todo esto os puede sonar a tontería. Todas las rupturas se superan, lo sé. Yo no digo que no, solo que actualmente necesito un poco de espacio y sobre todo, ir muy muy MUY despacio si la otra persona pretende de verdad tener algo en serio conmigo. No solo tengo miedo de lo que pueda hacer conmigo esa persona. También lo tengo de mí misma.

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