"Creo que me estoy volviendo loca. Te extraño...Ojalá pueda verte pronto."
La chica, de apenas 16 años de edad, terminó de releer aquel mensaje que acababa de escribir y lo envió a su destinatario vía sms. Iba dirigido a su novio, un apuesto joven de un par de años más que ella. Ambos se habían conocido unos 8 meses atrás y, tras un tiempo de tonteo, habían terminado enamorándose, o al menos eso se confesaban cada vez que tenían oportunidad.
Faltaban apenas unos 4 minutos para que fuera 27 de mayo, la fecha en la que celebrarían sus cinco meses de noviazgo. Quizá no fuera mucho, pero a ojos de la adolescente, era todo una vida junto al chico que le había robado el corazón.
Sin embargo, aquella semana las cosas no iban como siempre. La normalidad de esta pareja era verse todo el tiempo posible y emplear aquellos efímeros momentos en regalarse halagos, caricias, mimos y largos ratos de pasión. Desafortunadamente, aquella semana no habían podido cruzar palabra, ni siquiera una llamada. Solo unos cortos mensajes debido a que sus apretadas agendas no les habían permitido coincidir.
Julie, la joven adolescente, había terminado con sus quehaceres hacía dos días y, desde entonces, se había podido permitir un merecido descanso y, a pesar de que era lo que siempre había dicho necesitar, en aquel instante se sentía de lo más desgraciada. Ella solo deseaba tiempo si lo podía usar para estar con su por ahora desaparecido novio. Se estaba subiendo por las paredes por lo sola que se sentía.
Ni una llamada ni un mensaje, ni siquiera un aviso acerca de que fuera a estar tan ocupado en esa semana. La muchacha suspiró guardándose el móvil en el bolsillo una vez más. Los minutos habían pasado y ya era veintisiete. Quedaba más que confirmado que aquel mes no iba a oír esa dulce y masculina voz que tanto amaba diciéndole al oído "Feliz mes, amor mío."
No hay comentarios:
Publicar un comentario