No, espérate. -Le dijo algo indecisa a pesar de su tono tajante la muchacha de pelo oscuro conforme separaba sus labios de aquellos ajenos que estuvieron a solo pocos centímetros de besarla.- Me gustas, ¿vale? Me gustas mucho, pero...-suspiró ella mientras sostenía la mano de aquel confuso chico.- Simplemente no me gustan las cosas forzadas y no entiendo qué estamos haciendo.
Las miradas de ambos se cruzaron; ninguno de los dos se atrevía a soltar sus entrelazadas manos, tampoco a romper el silencio. En secreto, el corazón del alto joven empezaba a inundarse en preocupación y miedo. ¿Estaban a punto de volver a quebrárselo una tercera vez?
-¿Por qué estamos aquí, en esto? ¿Por qué es siempre igual? Quedamos, pasamos un día de lo más bonito con cálidas caricias, miradas tímidas y sonrisas atontadas; después llega la hora de la despedida y, una vez más, como en todas nuestras citas, nos besamos demostrándonos que nos extrañamos.Tardamos un siglo en separarnos y nos prometemos buscar tiempo para vernos de nuevo entre tantos abrazos. Claro que son promesas vacías, porque en cuanto nos decimos "adiós", perdemos el contacto por un mes prácticamente. Tras eso, vuelta a empezar: cita de adolescentes, mimos y despedida.
A ella le estaba costando muchísimo abrirse y decir todas esas palabras. Siempre había sido más hábil a la hora de mostrar sus pensamientos y sentimientos detrás de una pantalla. En aquello de hacerse oír en persona y en voz alta, era toda una novata. Estaba alterada, su corazón latía demasiado rápido en esos instantes y podía notar la atónita mirada de su amigo escrutando todo su rostro en busca de palabras con las que responder. No hizo falta, después de todo. Ella misma continuó un poco más, pues temía no haberse explicado con toda claridad y que él creyera algo equivocado.
- ¿Me besas porque es el final de nuestra cita y "toca"? ¿por costumbre? -Sus negros ojos se fijaron en los contrarios, tratando de calmarse a sí misma para evitar sonar tan reprochante.- ¿Es esto u-...
- ¿Qué? -interrumpió finalmente el más alto de ambos, soltando en el proceso la pequeña mano de la fémina.- ¿Crees que esto es por algún tipo de obligación? No.
El silencio se produjo entre ellos y la menor ya comenzaba a arrepentirse de haber frenado aquel primer beso de tantos que con seguridad se iban a producir en la despedida. Ahora era ella quien temía haber metido la pata y podía sentir ya su corazón comenzando a sufrir.
- Te beso porque me gustas, porque te extraño cuando no te veo en semanas, porque te veo y me pareces tan preciosa que quiero volver a tener tus labios para mí. -El joven suspiró de manera profunda y de nuevo colocó sus manos sobre los hombros ajenos. El leve contacto ya estaba comenzando a acelerar los latidos de ambos.- Lamento que interpretaras todo esto de...Quizá no debamos...
Ella permanecía sin decir nada; sinceramente, solo deseaba disculparse por abrir la boca en primer lugar y, sin más, lo abrazó. Sus pequeños brazos rodearon al más mayor con fuerza y cariño, cerró los ojos y ocultó el rostro en el cuello ajeno. Sin embargo, algo faltaba. Ahí fue cuando notó que el abrazo no estaba siendo correspondido como en otras ocasiones. Su espalda se sentía fría y ella estaba confusa. Sus húmedos ojos amenazaban con comenzar llorar, pero ella quería mantenerse fuerte. Ahora no era el momento de traer esas lágrimas, o al menos eso se repetía mentalmente repetidas veces.
- Lo que ocurre es que soy tímido, ¿entiendes? No te veo en mucho tiempo y me cuesta ir de buenas a primeras a besarte como dios manda. Además, me da miedo esto. No quiero ser quien te confunda, pero tampoco deseo estar todo el día embobado contigo. Eso de besos a todas horas, quedar con frecuencia y arriesgarnos a sentir más, no. ¿Vale? Ahora no.
Él no quería sonar brusco, pero esas palabras dolieron más de lo que ella podía soportar. Por alguna estúpida razón, se había hecho ilusiones. Por un segundo, ella había deseado que entre ellos dos hubiese un hermoso futuro. El dolor era real, pero sabía que no podía culparle a él. Tampoco podía en ese momento hacer más que entender.
Aquellas retenidas lágrimas corrieron libres por sus mejillas y, en silencio, la joven asintió, aceptando de una sola vez que el amor una vez más no sería nunca protagonista en su vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario