La joven abrió los ojos aquella soleada mañana con una sonrisa en los labios. No había ocurrido nada en especial durante la noche para que de pronto la tristeza que la invadía antes de acostarse se hubiera desvanecido. Sin embargo, no parecía que tampoco nada pudiera nublar su estado de ánimo en aquel momento.
Con cierta pereza, se estiró todo cuanto pudo en su cama y se detuvo unos segundos a mirar los rayos de sol que se colaban por la ventana de su habitación. Su tierna sonrisa se amplió todavía más y respiró profundamente, sintiéndose bastante entusiasta.
La muchacha no tardó en levantarse de su posición horizontal y, casi de inmediato, comenzó a tararear y murmurar la letra de una canción que de pronto había empezado a sonar en su cabeza. No tardaron sus pies en unirse a la fiesta, llevando a la chica a bailar en la soledad de su habitación.
Hoy, después de tantos días, había amanecido bien. No, no se habían arreglado las cosas con su amigo, pero tampoco lo necesitaba en ese instante para sentirse bien consigo misma.
Ella estaba alegre, estaba feliz y llena de esperanza. Eso le bastaba para no querer parar sus torpes y casi ridículos pasos de baile.
Apenas estaba ataviada con una camiseta de tirantes blanca y unas bragas estilo culotte negras. Su pelo estaba completamente despeinado, con cada mechón en una dirección diferente y las puntas casi enredadas, pero eso a Danielle le daba igual. Se miraba en el espejo y todavía se veía guapa, sexy, atractiva. Ni siquiera sentía la necesidad de usar maquillaje para disimular alguna que otra rojez o imperfección. Tal y como estaba en ese momento la satisfacía.
Al escuchar el ruido, el viejo perro de la casa acudió a saludar a su dueña a su dormitorio. Ella, que aún seguía inventándose pasos de baile, lo recibió con alegría y, por una vez en años, se permitió dejarle un suave y cariñoso beso sobre la sien del animal.
- Buenos días, Coco.~ -le susurró con dulzura antes de salir de aquellas cuatro paredes en dirección al salón de la casa. Aquella mañana estaba sola en casa, pero esta vez no se sentía desgraciada por ello. Al contrario: se sentía libre y sabía muy bien en qué quería emplear aquella libertad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario