Cosas difíciles.
Es genial tener amigos, ¿verdad? Conocerles, hacerte cercana a ellos, crear una bonita amistad y que se consolide una hermosa confianza. Más o menos es lo mismo con los familiares. A estos no se los elige; te tocan y tú solo puedes rezar porque sean de tu agrado y tú el de ellos. Por otra parte, también hay que tener en cuenta a conocidos que, por algún motivo, les tienes que mantener contentos en tu vida, y lo mismo con compañeros de estudios o trabajo.Al final, nuestros propios círculos sociales nunca son tan reducidos como nos parece y, personalmente, esto es algo de lo que solo me doy cuenta cuando llegan los cumpleaños.
¿He mencionado alguna vez que odio los cumpleaños? El primero que odio es el mío propio. Lo considero un gran agobio, pero de eso ya hablaré en otra entrada. Después viene el de los demás, principalmente, el de los amigos cercanos. Quizá sea problema mío, pero nunca, y literalmente NUNCA, sé qué regalarles. Quedo fatal siendo tan amiga y supuesta conocedora íntima de su vida y, si le sumamos que me gusta ser especialmente perfeccionista con lo que obsequio, pues...I'm fucked up.
Y si ya de por sí cuesta con ellos, ¿qué hago cuando se trata de personas a las que no conozco tan bien? Acertar con un regalo ideal y original es casi imposible.
Al final del día, cuando llevo horas estrujándome los sesos intentando pensar en un buen detalle, siempre llego a la misma conclusión: ¿para qué mierdas conozco a tanta gente y por qué tienen que celebrar sus cumpleaños?
Pf, lo peor se me viene dentro de un mes, cuando mi amigo celebrará su cumpleaños y yo tendré que llevarle algo increíble que le encante y que esté en medio entre una novia y una amiga. ¿Existe algo así? Wait, wait...¿se lo tendré que dar delante de los amigos o..? Aún peor, ¿tengo que conocer a los amigos? ¿voy yo sola o llamará también a mis amigos? ¿Habrá fiesta? ¿tengo que ir? ¿me tratará como siempre? Hm, I am so not ready.
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