lunes, 11 de abril de 2016

Confession 017

Hay asignaturas que nunca se me han dado bien en la rama de bachiller que escogí en su momento. Una de ellas fue física, la cual por suerte solo tuve que ver en primero de bachiller durante un trimestre. La otra fue química, la cual me costó esfuerzo y tiempo comprender y adorar, pero ya os digo que al final la recuerdo con cariño. Sin embargo, la asignatura que tuve atravesada durante años y años, curso tras curso, fue matemáticas. Ya sé que le pasa a todo el mundo, pero a mí en especial se me daban fatal. No había forma de que me entrasen, agh.

Entonces lo lógico es que os preguntéis que, si se me daban más bien a mal esas asignaturas que son puramente científicas, qué hacía yo en un bachiller de ciencias de la salud. Bueno, la respuesta es sencilla: huir...y salvarme un poquito el hecho de tener que decidir algo seguro a los 14-15 años acerca de mi futuro profesional.
Seguramente muchos habréis oído (o no) eso de que "Si no estás seguro de qué carrera hacer, métete a ciencias que tiene más salidas y luego puedes pasarte a letras, pero al contrario no se puede" o "el bachiller de letras te cierra puertas, es un camino sin retorno". Ok, quizá esté dramatizando un poco con esa última cita, pero creo que la idea se capta, ¿ahá?

Al finalizar 4º de la ESO no tenía ni idea de lo que quería hacer en el futuro (tampoco es que lo supiera al terminar selectivad, pero...ehm) y con todos esos comentarios que oía en clases por parte de alumnos y profesores, y en casa por parte de mi familia, vi claro que lo mío era postergar la decisión un par de años más y meterme en "Ciencias". Luego, al finalizar 1º de Bachiller nos hacían escoger entre la rama tecnológica (la cual incluía física y dibujo técnico) o la de ciencias de la salud (que, si mal no recuerdo, tenía como optativas Biología por un lado y Ciencias de la Tierra y el Medio Ambiente por otro).
Teniendo en cuenta mi capacidad nula para los números y tolerancia al profesor de las dos asignaturas específicas de mi rama, parecía un suicidio aquello de hacer Física y Química, Matemáticas, Biología y CTMA.
Sin embargo, tenía muy seguro que odiaba eso de sentarme a estudiar tochos y tochos de memoria. Eh, no nos engañemos, en ciencias hay que hincar los codos también, pero más son las gráficas, las formulaciones químicas, los experimentos y los numeritos que pulsar en la calculadora.Si hay algo que tenía claro es que para mí no era eso de estudiar Geografía, Economía, Literatura Universal ni mucho menos H I S T O R I A, en ninguna de sus modalidades (del arte, de la literatura, de España o universal).

Odio aprenderme fechas, odio aprenderme nombres, odio sentarme a leer cosas que ya hace siglos que han pasado. Sí, llamadme idiota o estúpida; sí, decidme que estudiando la historia se puede aprender acerca del ser humano y prever sus futuros errores (ya que los volveremos a repetir), pero veo sumamente ilógico tener que aprender tantísimo en tanto detalle cuando a día de hoy se puede consultar todo en internet. Sinceramente, prefiero tener en mi memoria todo el temario de química orgánica y ser capaz de hacer mis propios cosméticos o productos a base de elementos naturales, o incluso saber qué estoy tomando y para qué cuando el médico me receta algo.

En fin, odiaba en mi época de instituto y la sigo odiando ahora en la universidad. ¿Para qué mierdas me obligan a hacer un trabajo de los Civil Rights, Martin Luther King, Malcolm X y Rosa Parks?
Agh, I hate all of it.

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