jueves, 3 de marzo de 2016

Confession 008

Soy más mascota que humana.

Me gustan los gatos. Desde pequeña los adoro y me vuelven loca con esa suavidad, esa actitud, esa forma y ese interés que a veces muestran. En realidad me encantan todos los felinos en general, pero como tener un tigre en casa es complicado, lo dejaremos en que me gustan los gatos.

Cuando era pequeña, tuve uno durante unos meses o quizá un año. La verdad es que era demasiado inconsciente aún como para saber cuánto estuvo en casa antes de que nos lo...hicieran desaparecer. Putos vecinos.
Hasta aquí, todo normal, ¿verdad? Las caras raras vienen cuando digo que...maúllo.

Ehm...sí.

Maúllo. Así es y no como parte de algún juego o en un momento puntual. Es una costumbre, más o menos. Tampoco es que me ponga a hacer estos sonidos cada 5 minutos, pero sí que se me escapa frecuentemente un "miau" en los silencios incómodos y en los momentos que no sé qué decir.
Esto luego es un problema, porque si ya de por sí dicho silencio no estaba siendo cómodo, ¿cómo arreglas ahora que acabes de imitar a esa peludita mascota de mi infancia? Estoy segura de que me habré ganado miles de miradas de desaprobación y la imagen de una chica peculiar a lo largo de los años por esta causa.

A su vez, mis pequeñas muestras de mi personalidad gatuna también son frecuentes cuando me siento en demasiada confianza o en extrema dicha. Por este motivo, mi ex tuvo que aguantarse y aceptar que en excesivas ocasiones, mis respuestas se limitaran a un "¿miau?", "mia", "miu", "miu-miu" o "marramia-marramiau". Por dios, estoy loca. Por suerte, me quería lo suficiente como para pensar que esto era adorable e incluso aventurarse a tener conversaciones en mi mismo "idioma". Oh, y sí nos entendíamos, lo cual es de valorar.

A día de hoy, trato de quitarme esta costumbre, pero, como cualquier otro hábito, no es sencillo. A pesar de que prácticamente ya lo tengo controlado, aún hay veces en las que este lenguaje mío natural sale a relucir.

Esta mañana, por ejemplo, al despertar encontré en mi whatsapp un mensaje de mi amigo en el que me llamaba cariñosamente "bicho" (o al menos quiero creer que ha sido con cariño, hum). Sin poder evitarlo, le respondí un "marramiau, el bicho no quiere salir de la cama.~". Todavía me pregunto qué clase de cara pondrá al leerlo y qué clase de pensamientos tendrá sobre mí, ish, Por favor pido que se parezca un poco a mi ex en eso y lo encuentre adorable, o al menos no demasiado friki.

Yo no tengo remedio. De pequeña jugaba a los "gatitos" con dos compañeras de clase, que basicamente se resumía a caminar a cuatro patas, tirarnos por los suelos a tomar el sol y maullarle a todo dios que pasara cerca. De adolescente me enamoré de los felinos y pasaba tardes enteras buscando fotos suyas o viendo documentales. En la pubertad me vestí varias veces de gatita (nada que ver con algo sexual, lo prometo) y, en mi edad adulta, me comunico en su idioma.

Lo dicho, nací para ser gatito y moriré siendo uno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario