Precisamente
ayer, mientras le comentaba a mi ex que había conocido a otra persona, me di
cuenta de que tenía grandes dificultades para explicar lo que sentía por mi
amigo y lo que el susodicho despierta en mí.
Es verdad
que pensando en el tema me quedo en blanco y no sé explicarlo. No, no es esta una
bonita línea de película en la que alguien dice “con solo su presencia, mi
mente se para y me desaparecen las palabras” y, honestamente, espero que no sea
eso lo que me pasa.
Explicarme y
expresarme siempre fue mi fuerte, pero, ¿cómo es posible que en lo relacionado
con este chico, me vuelva tan word-less? Fuck it, de verdad no se me ocurre
otro sustantivo en mi idioma.
Debería
tratar de empezar desde el principio, ¿verdad? ¿Cómo empezó todo? Ay, si me vierais…La sonrisa boba me sale automática y todavía no he empezado.
Pues, si no
recuerdo mal, una amiga nos avisó a todo nuestro grupo para salir el siguiente
fin de semana a cenar y tomar unas cervezas con la excusa de que volviéramos a
reunirnos con un compañero suyo de clase del instituto que hacía siglos que no
veía. La cuestión es que, aunque los demás no fuéramos cercanos a este
muchacho, todos (o la gran mayoría) procedemos del mismo instituto y nos
conocemos un poco tirando a bastante.
Personalmente,
aunque no estuviera en la misma clase que él, sí le conocía lo suficiente como
para saber su nombre y apellidos por completo, dado que, una vez que repitió 2º
de ESO, cayó en mi curso. Esto significaba que las excursiones las hacíamos
juntos y que, en las asignaturas comunes, teníamos a los mismos profesores
hasta 2º de bachiller. Quitando esto, este chico y yo nunca fuimos amigos, ni
creo recordar ninguna conversación con él de más de dos o tres palabras.
Sin embargo,
bueh…Un verano coincidimos en las mismas clases de refuerzo para matemáticas
(las cuales ofrecía mi mismo instituto, por cierto. En mi opinión eran una
forma de comprar tu aprobado en septiembre, porque eran 50€ por mes, siendo dos
meses de vacaciones de verano…) y yo no pude evitar fijarme en él. Nada especial, eh. Simplemente me gustaba lo animado
que estaba siempre, lo mucho que todos se divertían gracias a sus comentarios,
lo gilipollas que era (con amor) y lo mal estudiante que no podía evitar ser.
Maldito...De todas formas, siempre me consideré demasiado aburrida como para
estar en su grupo de amigos, así que me limitaba a tener un pequeño cuelgue por
él desde lejos. Pasadas esas clases, me olvidé de todo.
Cuando mi
amiga nos comentó que él tenía ilusión por volver a vernos, en especial a mí,
porque al parecer llevo meses pasando de su petición de amistad en Facebook,
pues me arreglé para ese día en especial. No tenía ninguna intención en
concreto para con él, pero reconozco que mi mente fantaseó un poco con el “¿y
si resulta que ahora sucede algo entre nosotros y le gusto?”. ¿Me levantaría con ego ese día? Fue una
divertida mezcla entre “Quiero que los del instituto vean que ahora estoy buena”
y “No cerremos las puertas a ninguna posibilidad”. Lo más triste es que ahora
mismo ni siquiera recuerdo qué ropa me puse, solo que me alisé el pelo…mejor
dicho, pelazo, porque me llega hasta la cintura sexymente, fuck yeah.
Bueno, esa noche
al final ná de na’, o eso pensé
cuando no vino a cenar y tampoco apareció durante las primeras dos rondas de
cerveza de mis amigos. Cuando ya estábamos bien acomodados en el sofá de una
esquina de un pub, jugando a las cartas, por fin llegó y se nos unió. ¿Sabéis? Las
cosas no habían cambiado nada. Él seguía siendo un bobo demasiado adorable y…yo
seguía siendo una mudita. Aish…
Algo que no
sabía es que el chico es también jodidamente amable y simpático con cualquiera,
incluso desconocidos. Sin dudarlo, se ofreció a llevarme a casa para que no
volviera sola a las 4 de la mañana. Luego no hizo falta, porque otra amiga de
mi amiga, una que tiene coche, se ofreció a llevarme también.
Lo “extraño”
comenzó precisamente al llegar a casa. Quizá para otros es lo usual, pero
pasarnos hablando por whatsapp desde las 4 a las 9 sin parar y sin siquiera
notar el paso de las horas, fue para ambos de nosotros sorprendente…y especial. Él sin duda se interesó por
mí; yo sin duda me vi atraída hacia quien me tira los trastos, como siempre.
Jeje, no pudo resistirse a pedirme vernos de nuevo la misma noche siguiente de
reencontrarnos y yo nerviosa encantada, eh.
Unas cuantas
quedadas más y días enteros hablando como gilipollas adictos, nos acabaron
llevando a besos y muestras de cariño bastante…agradables. En algún momento me
perdí a mí misma y me ilusioné con que de ahí saliera una relación, la primera
de los últimos seis meses que de verdad me tomaría en serio. Pero nada es tan
hermoso...ni sencillo.
El resto de
la historia ya ha sido comentada a grandes rasgos. Ahora viene el quid de la cuestión:
¿qué siento yo?
Durante
varias semanas me planteé que en realidad solo me hubiera ilusionado la idea de
que alguien mostrase interés en mí y más si se trataba de alguien tan increíble
como él. Pero el tiempo está pasando y, lejos de olvidarme de todo como en las
otras ocasiones en las que me ha pasado lo que digo, sigo estancada en él.
Dado esto,
tengo entonces que pasar a pensar en que realmente siento algo. De acuerdo, veo natural y plausible que me hubiera ilusionado
por su forma de ser y, si aceptamos esto, la pregunta sería “¿en qué punto se
encuentran mis sentimientos?”. La respuesta…sigue siendo una incógnita.
Vayamos por
partes, plisu kudasai. Lo que siento,
¿es bueno o malo? ¿Amor u odio? ¿Simpatía o cariño? ¿Amistad o algo diferente?
¿te gusta ya o…? Agh, ¿y yo qué sé?
Simplemente
es alguien a quien tengo muy presente en mi día a día aunque no le vea y,
cuando sí le veo, me hace sonreír con cada pequeñez que diga o haga. Es alguien
a quien, cuando estamos en grupo, me cuesta mirar, o mantener la mirada fija en
sus ojos. Es alguien que cuando abrazo me es imposible soltar. Es alguien a
quien me gusta mucho besar. Es alguien con quien quiero acurrucarme en un sofá
con una mantita. Es alguien con quien quiero vivir muchas cosas. Es alguien a
quien quiero impresionar para que mire en mi dirección. Es alguien que consigue
mantenerme despierta de madrugada hasta las tantas. Es alguien que me cabrea si
pasa de mi o no me contesta. Es alguien que me da miedo porque cambia todos mis
planes de no querer comprometerme y a la vez me asusta con tanto posible
compromiso. Es alguien tan diferente a los demás que parece perfecto. Es
alguien tan impresionante que seguramente no le merezca. Es alguien que, no sé
si ahora mismo me gusta, pero que con
seguridad podría enamorarme. Es alguien a quien temo perder. Es alguien que
consigue hacerme sentir miedo y celos de algo que aún no ha ocurrido. Es
alguien que quiero para mí aunque sé que no tengo derecho. Es alguien a quien
quiero tratar como un novio aun sabiendo que no lo somos. Es alguien que
probablemente no siente nada por mí y cada vez menos. Es la única persona con
la que me imagino ahora mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario