lunes, 7 de marzo de 2016

Confession 009

Soy carne de transporte público.

Bueno, en realidad sólo de autobús y ocasionalmente metro. El tren no lo toco, pero captáis la idea: no tengo el dichoso carnet de conducir. Sí, sí, ya sé que pude habérmelo sacado hace ya años, pero…meh, el poco interés y la pereza me pudieron.

Al salir del instituto, muchos son los jóvenes que deciden apuntarse a la autoescuela y aprender a conducir durante el verano previo a empezar la uni. ¿Qué hice yo? Preparar las asignaturas de matemáticas y química que me habían quedado para septiembre y por las que no pude hacer selectividad en junio como la mayoría.

Al empezar la uni, entré en una carrera que no iba a ser la definitiva mía. Pensaréis que podría entonces haber aprovechado esa oportunidad, ya que no me iba a tomar ese año en serio.  La realidad, sin embargo, fue que entré en el grado de filología clásica. He mencionado antes mates y química, ¿cierto? Exacto, yo era de ciencias de la salud. No había visto ni latín ni griego en la vida, pero con dos cojones aprendí lo necesario para sacarme el primer curso bien feliz y, eh, a nivel universitario. Por supuesto, esto me llevó bastante tiempo y tuve que posponer mi matrícula en la autoescuela. Tampoco me importó; por algún motivo, nunca sentí gran interés por conducir.

Como es de esperar, esa falta de motivación fue aumentando a la vez que fueron pasando los años. El autobús es cómodo, ¿sabéis? Y no tienes ni que preocuparte por aparcar, seguros, choques o gasolina. Ves mundo a través de una amplia ventanilla y vives experiencias muy sorprendentes.

La vida podría haber continuado así durante más tiempo, pero, lamentablemente, comencé a trabajar. Con esta nueva experiencia, me di cuenta de que mis movimientos están bastante limitados por el transporte público, sus horarios, su velocidad, el dinero del que disponga, y que no es tan cómodo ir de parada en parada cargada con mochila, maletín del almuerzo, abrigo, documentos para trabajar y monedero.

Quiero apuntarme a la autoescuela. Por primera vez en la vida, considero que es algo necesario y por primera vez le veo la utilidad que tantos me decían que tenía. También creo disponer del dinero para ello, aunque entonces tendré que decirle adiós al viaje de este verano. Sé que tener el carnet no es conseguir automáticamente un coche, pero para días urgentes, el de mis padres está ahí, y, oye, dejaré de ser por fin la única entre mis amigos que no conduce.

Eso sí, no os fiéis de mí, no penséis que me lo sacaré a la primera y tampoco salgáis a la calle mientras yo esté al volante. Peligro de muerte, bitches.

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